Apatía en el primero B
la rata huye de mi pesadilla
y aulla como gato
Flojo, flecos en la barbilla,
dificultad para cantar al alba,
deshonesta huella en el desierto cansado.
Así irrumpe el fastidio cuando callo
mientras trafico penas con la lástima
y los huesos no se quiebran, se agazapan.
El caldo de la abulia se estremece
y se aferra a la música de la sinpasión
a la pared raspada por el gato seco.
El esperpento es modelo en el museo ruinoso de mis años.
No vale nada ser sin tener nada que mirar.
Los exagerados signos del paso del tiempo
se burlan del exceso de tardes con terraza.
La mano dura del futuro estacionado en la esquina
te pide sin ganas compasión, constancia en la extensión de la lágrima dada,
en los dedos con alas firmes.
Pero no se puede, tu luz no puede.
Te apagás con la corbata anudada en tu sien.
La locomotora despide humo duro,
las piedras ya no pesan, son rocas las piernas,
subyace la ausencia,
corroe la quietud a la cima de la cordura.
Apatía,
hastío al tocar el timbre del colectivo enlatado de la acción,
sucumbido el deseo.
Se apresuran los apesadumbrados faraones en sus tumbas
porque quieren salir a contagiar
su fétido aliento
a las gasas todavía libres de su hedor.
jueves, 9 de agosto de 2012
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