jueves, 9 de agosto de 2012

Estable


Estar estable es el estado intacto de la noche sin vendavales,
es la marcha recta.

Las dimensiones se apropicuan en las formas esperadas.
La mente atisba una ilusión y fenece, repta.
La ferviente calma descansa la pasión.
El rulo se plancha de aburrimiento.
La gana ataja con prepotente hastío al otoño
que se asoma en la premura de la línea punteada.

Son esquimales a la espera de su presa los aventureros de la estable estepa.

El falso paso acaricia con melancolía a la acción,
Repetimos con paciencia la rutina descalza de la emoción.
Miro la toalla pero no la arrojo, miedo a la verdad.
tengo en la gaveta un vitrificado conglomerado de nubes
y ninguna blanca.

Apatía

Apatía en el primero B
la rata huye de mi pesadilla y aulla como gato
Flojo, flecos en la barbilla,
dificultad para cantar al alba,
deshonesta huella en el desierto cansado.

Así irrumpe el fastidio cuando callo
mientras trafico penas con la lástima
y los huesos no se quiebran, se agazapan.
El caldo de la abulia se estremece
 y se aferra a la música de la sinpasión
a la pared raspada por el gato seco.

 El esperpento es modelo en el museo ruinoso de mis años.
No vale nada ser sin tener nada que mirar.
Los exagerados signos del paso del tiempo
se burlan del exceso de tardes con terraza.
La mano dura del futuro estacionado en la esquina
te pide sin ganas compasión, constancia en la extensión de la lágrima dada,
en los dedos con alas firmes.
Pero no se puede, tu luz no puede.
Te apagás con la corbata anudada en tu sien.
La locomotora despide humo duro,
las piedras ya no pesan, son rocas las piernas,
subyace la ausencia, corroe la quietud a la cima de la cordura.

Apatía,
hastío al tocar el timbre del colectivo enlatado de la acción,
sucumbido el deseo.
Se apresuran los apesadumbrados faraones en sus tumbas
 porque quieren salir a contagiar su fétido aliento
a las gasas todavía libres de su hedor.